En las Sierras de Córdoba, donde el suelo es pedregoso y el sol pega fuerte casi todo el año, hay una planta que crece donde otras no llegan: la jarilla.

No necesita riego. No necesita sombra. Su hoja resinosa concentra lo que el ambiente le exige: resistencia real, no aparente.

De esa resina viene uno de nuestros activos más constantes: el NDGA, un antioxidante presente en su composición que trabaja donde la piel más lo necesita — en la superficie expuesta, en el tejido irritado, en la zona que pide calma.

Lo que hace en la piel

La jarilla está en nuestro Jabón Herbal Lavanda & Jarilla y en el Óleo Calcáreo Fisiológico. En ambas fórmulas cumple una función concreta: acompaña la desinflamación y ayuda al proceso de cicatrización de la piel sensible.

No cubre. No perfuma. Actúa.

Una herencia de las sierras

Antes de estar en un frasco, la jarilla ya formaba parte de la memoria botánica de esta tierra. Generaciones de manos serranas la reconocieron como aliada de la piel expuesta al sol, al viento y al trabajo diario.

En IMAMAI no la sacamos de ese contexto. La traemos con su historia adentro.

Por qué elegimos plantas y no ingredientes

Un ingrediente se mide en porcentaje. Una planta se mide en tiempo — el que necesitó para adaptarse, para sobrevivir, para volverse fuerte donde el terreno es duro.

Cuando elegís un producto con jarilla, no estás eligiendo un extracto más en una lista. Estás eligiendo la inteligencia de una planta que ya resolvió, a su manera, el problema de cuidarse sin recursos de sobra.

 

Tu piel puede aprender algo de eso.